martes, 23 de febrero de 2010

Reviviendo la Revolución. / La Prensa San Diego

Por Mariana Martínez

Son las doce del día en la calle Revolución y calle Tercera. Por las calles se escucha a los vendedores invitar a los transeúntes a ver artesanías, tomarse un trago y una foto con un burro pintado de cebra. Pásele mister, artesanía, pura plata, first margaritas are free amigo, Botox, Viagra, HGH, Soma…what do you need?

No hay más de diez norteamericanos en toda la calle y todo parece estar igual a los últimos diez años; una calle que antes era el centro de la actividad comercial de la ciudad, ahora, decadente y vacía, con comercios cerrados y enormes restaurantes sin un solo cliente.

Luego de un persistente abandono a manos de los turistas norteamericanos y el cierre de más de 500 comercios a lo largo de las 10 cuadras que cruza la famosa avenida, los tijuanenses se han ido apoderando de estos míticos espacios, el primer Jai Alai, la cuna de la ensalada César y el primer escenario del músico Carlos Santana.

Desde hace un año la calle Sexta se ha vuelto el mejor lugar de fiesta en toda la ciudad, nuevo hogar de al menos ocho bares que se desbordan de jóvenes durante los fines de semana, rodeados de tiendas de ropa vintage y discos usados; en la calle once está un delicioso restaurante sin menú llamado Cielo, cuya comida sorprende a los paladares más exigentes y una gigantesca farmacia abandonada se ha vuelto un centro cultural y de conciertos llamada Le Drugstore.

Pero aquí en la calle Tercera, oculto entre unos zarapes y máscaras de luchadores es donde se está dando la más reciente transformación de la ciudad en un pasadizo histórico ubicado en la calle Revolución y Constitución. A la altura de la calle Tercera, una veintena de artistas y estudiantes universitarios se han dan a la tarea de hacerlo suyo.

“Lo cierto es que los americanos que venían ya no van a volver” explica el administrador del histórico pasaje Rodríguez, Roberto Robinson, “por eso decidimos ofrecerle estos espacios a los artistas que se nos acercaron, con la idea de revivir este pasaje que era puramente de oferta turística y muchos tijuanenses ni siquiera conocen”.

Aún rodeado de cubetas, con un electricista a sus espaldas y una estopa en la mano, Antonio Escalante explica que el proyecto surgió luego de una intervención artística en octubre pasado, en la que les prestaron locales vacios del pasaje Rodríguez, ubicado entre la avenida Revolución y Constitución a la altura de la calle Tercera.

“Aquí, la gente de ‘la Revu’ ha estado esperando la revitalización y la venida del turismo por años, pero sin cambiar las ofertas, quieren que la misma gente siga viniendo a lo mismo y eso no va a ocurrir,” dijo el artista plástico, “ésta es una propuesta auto gestionada, sin gobierno ni asociaciones de comerciantes de ningún tipo, pensada para contrarrestar los efectos de la violencia en la ciudad, no para ignorarla, sino para responder desde el arte y desde la creatividad, que es la única manera de combatir esto”.

A Escalante se han sumado más de 15 locatarios, entre ellos artistas plásticos jóvenes y con trayectoria; estudiantes de literatura a cargo de una feria del libro usado; cinéfilos; diseñadores gráficos como la marca Tecui e incluso diseñadores de moda, quienes poco a poco están rehabilitando espacios que luego de meses de abandono estaban sucios, demacrados y con problemas ya estructurales.

“Nuestro local estaba muy deteriorado, ahora que llovió el desagüe se abrió y tuvimos que resanar todas las paredes” explica Jonathan Ruiz de la Peña, quien está a punto de terminar la licenciatura de Artes Plásticas en la universidad estatal y junto con otro compañero busca abrir la galería de arte NODO.

Jonathan Ruiz

“La idea es buscar la accesibilidad del arte, buscar proyectos de arte público que “atraviesen” al transeúnte, dejar de lado la imagen de que somos espacios elitistas… si, queremos vender, pero también difundir el arte en espacios no pensados y que sea desde aquí que se integren los espectadores que ya tenemos, que también hagan suyo este espacio” explica Ruiz de la Peña.

Entre los locatarios también estará Liebre, una empresa cultural a la que la que pertenece Paulina Bahena, quien llegó desde Jalisco hace seis años para cursar la licenciatura en artes en esta ciudad.

“Al llegar, se me hacía muy curioso ver aquí en Tijuana lugares que venden ‘deliciosos postres y los mejores tacos’ pero Tijuana es así y ahora lo entiendo” dice Bahena, “el compartir este espacio tiene lógica dentro de la dinámica de esta ciudad”.

Hasta ahora, el largo pasadizo contaba apenas con una escuela de belleza, un dentista, tres restaurantes de comida corrida y una segunda, cuyos locatarios parecen bien venir la idea de tener artistas como vecinos que abrirán sus puertas a mediados del mes próximo.

“Pues la gente que venga a ver arte también tiene que comer” dice doña Rosy, mientras pone a freír una milanesa de carne de res, “a mí me parece que va a estar bien que haya más gente, aunque sigo sin entender exactamente que van a poner estos muchachos…”.