jueves, 24 de junio de 2010

De Foreign Club a corredor cultural

De Foreign Club a corredor cultural

18 artistas locales ubicarán sus estudios en el histórico Pasaje Rodríguez, ubicado entre Avenida Revolución y Constitución, paralelo a la Calle Tercera y Cuarta. “Tenemos muchas esperanzas en ellos (en los artistas), en el sentido de que pueden ser parte o el granito de arena que contribuya a que se decida el americano a regresar”, asegura el administrador del histórico inmueble, Don Roberto Robinson.

Enrique Mendoza Hernández

La Avenida Revolución ya no es la misma de hace 5 ó 10 años. Específicamente, de unos dos o tres años a la fecha, además de farmacias y letreros con la leyenda “Se Renta” o “For Rent”, a simple vista también pululan más jóvenes mexicanos que extranjeros.

Pero a pesar de que la otra Avenida Olvera es frecuentada por locales principalmente en sus fines de semana, la realidad es que en la mayor parte del tiempo abunda la desolación, caras largas entre los jaladores y vendedores de artesanías. No es para menos, porque de acuerdo con el Comité de Turismo y Convenciones de Tijuana (COTUCO), en uno de sus últimos registros de 2009, de los 724 comercios ubicados en la histórica “Revu”, desde la Calle Primera hasta la Calle Décima, 334 permanecían activos; es decir, 46.13 por ciento estaban abiertos y el 53.87 por ciento cerrados.

Don Jorge Bonilla, quien es burrero de la Avenida Revolución, comparte su perspectiva con ZETA: “Inicié aquí a la edad de ocho años, en el ‘38. Ya estaban las carretas. Me enseñé a revelar, a tratar el turismo, me gustó y me quedé. Antes sacaba como 30 fotografías a la semana, ahora saco una”.

A contra esquina de donde se encuentra el señor Bonilla y su somnoliento burro-cebra, hace unos meses todavía funciona el tradicional bar Iguanas Ranas; hoy lleva por nombre Tijuana Station.

Justamente ahí, a un lado de las escaleras para subir a Tijuana Station, está el Pasaje Rodríguez, que hoy padece más de veinte locales cerrados y sólo tres se mantienen abiertos: Una óptica, un local de artesanías y una estética. Pero esto habrá de cambiar próximamente.

En el tradicional Pasaje Rodríguez una veintena de jóvenes se apresuran a remodelar los respectivos locales que han rentado a la familia Rodríguez. Poco a poco huele a limpio. Los trebejos y baratijas van quedando en la basura. Se trata de por lo menos 18 artistas locales que buscan trasladar a ese lugar sus estudios de fotografía, pintura, performance y talleres de diversas disciplinas artísticas.

La idea de convertir el Pasaje Rodríguez en un corredor para el arte y la cultura surgió recientemente, cuando en 2009, un grupo de artistas realizó allí diversas actividades. Fue el Comité Empresarial y Turístico Mexicano (CETURMEX) y artistas como Claudia Ramírez, entre otros, quienes se aventuraron a utilizar el abandonado Pasaje Rodríguez para realizar un primer evento que no se creía que tendría secuelas.

“Independientemente del éxito que hayan tenido, se acercaron a solicitar apoyo”, cuenta a este Semanario el administrador del Pasaje Rodríguez, Roberto Robinson.

En este año a los artistas interesados les fueron rentados unos 18 locales para igual número de propuestas. “Nosotros estamos manejando un concepto tripartita: Los dueños dan una parte en cuanto a costo de renta, sacrifican la renta, y el locatario da su otra parte a un bajo costo para que ellos (los artistas) puedan darse a conocer; actualmente ellos están en proceso de arreglar sus locales”.

Así es como en el Pasaje Rodríguez se encuentran remodelando sus futuros estudios Alberto Estrada, Luis Eduardo Díaz, Nubia Velázquez y Oslyn Wizar. También Frank Romero, Francisco Javier García, Jesús Efrén Hernández, Claudia Ramírez Martínez y Rosa María Vázquez Magaña.

Figuran en la lista de quienes apuestan por el arte en la Revolución, Jesús Antonio Escalante Verdugo, Gonzalo Lara, Aldo Ramírez, Lunia María Guadalupe Campaña, Eduardo Alfredo Morán y Jonathan Jesús Ruiz. Complementan la lista Mario Castillo, Cecilia Ángeles, Millán Adrián Cóndor, Jorge Alberto Almaraz, Gerardo Martínez y Paulina Bahena.

“Sin duda es una oportunidad bastante buena, no sólo para impulsar nuestro trabajo y acercar a más público, sino para darle otra imagen a la ciudad, empezar a trabajar para quitar de algún modo el estigma de que en Tijuana sólo hay violencia, que sólo está la precariedad de la sociedad tijuanense, y darle impulso por el lado cultural”, explica a ZETA César Perlop, del colectivo Liebre que encabeza Paulina Bahena.

¿Qué ventajas encuentran en el hecho de que 18 espacios culturales se concentren en este pasaje?

“La ventaja es que el arte y el diseño invade el espacio cotidiano de las personas, por donde normalmente transitan y ya no tiene que ir necesariamente a una galería o a los lugares institucionales, sino dentro de las calles que normalmente transitan están las exposiciones, los espacios de los artistas, los diseñadores.

“Cuando la gente sale de trabajar, lo que menos le interesa es ir a pararse a una galería, entonces, de pronto, cuando el arte se encuentra más accesible para ellos donde transitan libremente, pues se convierte en otra alternativa de recreación”, interviene Ieve González.

En su turno, Bahena detalla la importancia de que la gente pueda en determinado momento, al pasar por el Pasaje, ver el proceso de creación de una obra:

“Que el público no llegue tan ajeno a ver nada más la obra terminada y crea que hasta ahí queda, muchas veces por eso no hay un acercamiento con el arte; si las personas pueden acercarse al artista y ver desde el proceso, cómo trabaja, de qué se trata, podría haber más gusto, más afinidad por el arte al acercarse”.

Por su parte, el administrador Roberto Robinson justifica la alternativa que significa el arte como atracción turística:

“Aparte de algunas discotecas y el ambiente nocturno, para el turista serio hay muy poco y creo que éste puede ser un buen inicio, de ahí que surge la inquietud de los dueños de la co-propiedad Rodríguez, porque son muchos dueños, yo funjo como administrador pero el mérito es definitivamente de ellos, porque están otorgando los espacios y sacrificando el costo de sus rentas a efecto de que estos nuevos valores surjan y logren darse a conocer”.

El administrador comparte sus expectativas: “Va a ser un lugar muy especial donde sí pueda venir el turista que venga específicamente al arte, porque ya el turista que venía por las curiosidades, yo ya no lo veo circulando por las calles”.

Un pasaje histórico

El señor Roberto Robinson comparte un poco de historia sobre el emblemático Pasaje Rodríguez. En su papel de administrador, ha visto pasar innumerables historias que, según cuenta, no podrían contarse sin antes darle el crédito a la Familia Rodríguez, que le ha permitido ser parte de la historia de Tijuana a través de la mencionada infraestructura:

“El Pasaje Rodríguez se construyó, con riesgo a equivocarme, alrededor de 1946. Uno de los fundadores fue el padre del señor Eugenio Rodríguez”, evoca el señor Robinson, quien en su oficina relata el apogeo del Pasaje Rodríguez, a la vez que señala con amabilidad al entrevistador de ZETA fotos antiguas en blanco y negro, de las décadas de los 40s, 50s:

“Es un pasaje histórico porque era de lo mejor que había en aquel tiempo, luego surgió el Foreign Club, una hermosa barra que difícilmente la tendrían actualmente (otros establecimientos de la ciudad). El Foreign Club era un espacio de esparcimiento sano. Estamos pisando la historia de Tijuana al andar en estos edificios, definitivamente”, asegura con justa razón.

El entonces Pasaje Rodríguez era más conocido por los extranjeros asiduos al establecimiento que por los propios mexicanos: “Desde aquel tiempo surgió como un pasaje turístico, netamente, de ahí que el tijuanense común en realidad no lo conocía, pero si le preguntabas a un americano, sí te sabía decir dónde estaba”.

El señor Roberto Robinson vio pasar no sólo los mejores años del Pasaje Rodríguez, también su inevitable decadencia junto a la Avenida Revolución: “El Pasaje Rodríguez siempre fue un pasaje turístico, había locales, curiosidades, desde la Avenida Constitución hasta la Revolución; viene la caída del turismo, en mi opinión personal definitivamente unos tres años atrás, y empiezan a retirarse (los locatarios). Nosotros empezamos a manejar una estrategia, de hacerlo nacional, empezamos a procurar meter restaurantes, ópticas, salones de belleza; estábamos en ese proceso cuando surgen estas personas, los artistas, que nos solicitan el espacio. Les dijimos: ‘Pues qué mejor, ¿verdad?’. Pero sí estábamos en un proceso de cambio de giro o de actividad para rentar los locales, ahí la llevábamos, ya teníamos varios rentados”.

El entrevistado también externa su juicio sobre cómo en la zona de la Avenida Revolución, sus rincones y pasadizos, empezaron a decaer:

“Ha decaído por lo sabido por todos: La violencia, la solicitud hecha a los americanos de que tengan un pasaporte, los mensajes que mandan con todo derecho los americanos a sus ciudadanos de que eviten venir con nosotros, quizás un poquito el exceso en el costo de los productos que se vendían, porque luego investigaban y tenían un valor distinto al ofrecido. Es que hay una infinidad de detalles, pero lo que más ha afectado, en mi opinión personal, es la violencia, sin contar la recesión de Estados Unidos que les pegó durísimo y como consecuencia a nosotros nos acabó en relación al turismo”.

¿Cómo fue que los vendedores de artesanías se fueron yendo del Pasaje Rodríguez?

“No se fueron todos al mismo tiempo, se fueron yendo paulatinamente; algunos salieron de allí y se pusieron directamente a bordo de calle, sin embargo, creo que ni ahí les ha funcionado para vender curiosidades. Estamos en el tiempo de la electrónica, es difícil ya que a una persona le interese llevar souvenir, un balero, unas maracas u otro tipo de instrumento que antes era atractivo, el sarape, el sombrero. Creo que la juventud actual no busca precisamente eso, ya están en otro concepto de diversión, quizá busquen discotecas muy especiales, restaurantes muy especiales, porque en el otro lado todo lo mexicano lo tienen también ellos. Entonces, tenemos que ofrecer algo más, algo que valga la pena, algo que interese y en este caso, de estos jóvenes artistas, eso vale la pena, interesa”.

Y ahora que los artistas mencionados se han tomado muy en serio la idea de establecer sus estudios en el Pasaje Rodríguez, el señor Robinson abunda en las expectativas a largo plazo:

“Tenemos muchas esperanzas en ellos (en los artistas), en el sentido de que pueden ser parte o el granito de arena que contribuya a que se decida el americano a regresar, pero no solamente el americano, sino también el nacional pueda participar, porque cuando se va a otro país no necesariamente los países que visitan los turistas son pensados sólo para ellos, están pensados para todos, como un museo; no hacen un museo para que vayan los artistas, sino para que vayan los ciudadanos y todo mundo, ahí es donde nos ha fallado porque separamos las cosas y creo que no debe ser así”.

Así se permite construir: “Ellos (los artistas) son inquilinos, tienen de dos a tres años con una renta muy cómoda para ellos; al cuarto siguen teniendo una renta cómoda, porque queremos que haya frutos, los frutos no los van a dar en seis meses, un año, en año y medio; los frutos se van a ver, en mi opinión, en el segundo, tercer año, cuarto año, cuando verdaderamente, si Dios quiere, ese pasaje sea un lugar que visiten tanto turistas extranjeros como nacionales, gente que le guste el arte que ellos ofrecen”.

El espacio Liebre en el Pasaje Rodríguez

Ya se hizo mención que, hasta el momento, 18 artistas y colectivos forman parte del corredor cultural en el Pasaje Rodríguez. Entre ellos se encuentra el colectivo Liebre, que encabeza Paulina Bahena y está integrado por César Perlop, Daniela Patre, Ieve González, Luisa Orduño y Nubia Velázquez.

Aunque el colectivo Liebre surgió desde hace seis años con intervenciones urbanas encabezadas por Paulina Bahena, fue en julio de 2009 que el grupo situó su sede en Playas de Tijuana, donde precisamente se ubica el Pasaje Rodríguez.

Liebre es un proyecto cultural independiente que plantea establecer un diálogo constante e ilustrativo entre el público y los creadores, explorando nuevos espacios y formatos que enriquezcan la relación arte-espectáculo.

Paulina Bahena explica que la misión “es lograr una aproximación entre los creadores y el público, de modo que este último reconozca que existe un trasfondo en toda obra terminada. Esta aproximación propone la reinserción del arte en la sociedad para cumplir con la función social del mismo: moldear la identidad de la sociedad, con la producción de piezas que se acerquen a la realidad del día a día”.

Talleres, conferencias, intervenciones públicas, gestión de exhibiciones, visitas guiadas y galería, son los argumentos de Liebre para lograr su misión.

Por último, Liebre anuncia sus próximos talleres:

* Un performance que iniciará el 8 de abril y será impartido los jueves y viernes de 6:00 a 8:00 pm. Escultura textil, experimental y ensamble, iniciarán el 7, 5 y 6 de abril, respectivamente.

* Asimismo, se tendrá el taller de Dibujo con Modelo, que dará inicio el 6 de abril; también Fotografía Básica el 6 de abril, e Iluminación el 10 del mismo mes. Cabe mencionar que este espacio será inaugurado el 30 de abril.

Para mayores detalles, consultar directamente en Pasaje Rodríguez, local 24-B. También está disponible la página www.liebre.info y los correos liebre.creación@gmail.com y paulinabahena@gmail.com

1 comentario:

  1. El mundo gira, la historia es una rueda. Lo que está pasando ahora, en esta depresión económica, ya pasó en los años 30 durante la última depresión. Los turistas se esfumaron y los gastos se quedaron iguál. Es hora de dar otro giro a la rueda.

    Hoy las librerías sirven para el consumo masivo (¡¡¡Cocina con el Chef Oropito!!!) o para los cursos de la universidad. ¿Por dónde se encuentran los libros pensativos? Pues, en el PRAD.

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